Derechos de autor de un desarrollador

Una empresa de desarrollo de videojuegos había contratado, con una retribución considerable, a un diseñador para crear los bocetos y el diseño visual de un nuevo título. El trabajo se completó, el proyecto avanzó, y cuando el juego empezó a generar expectación y todo apuntaba a que iba a convertirse en un gran éxito, el diseñador reclamó que esos diseños eran suyos a título personal y que la empresa no tenía derecho a seguir usándolos. Se nos encargó reconstruir, con validez pericial, cuándo y en qué circunstancias se habían creado realmente esos diseños.

El problema de fondo: ¿de quién son los derechos?

Cuando un trabajador crea una obra dentro del desempeño de su relación laboral, los derechos de explotación corresponden, con carácter general, a la empresa que le contrató para ello —salvo que el contrato establezca otra cosa—. Pero esa regla depende de un hecho que hay que poder demostrar: que el trabajo se realizó efectivamente dentro del marco de esa relación laboral, en el desempeño de las funciones encargadas y durante la jornada pactada. Si el diseñador podía sostener que esos bocetos los había hecho por su cuenta, fuera de su horario y al margen del encargo de la empresa, la balanza podía inclinarse a su favor. Nuestro trabajo consistió en reconstruir una cronología objetiva y verificable que zanjara esa duda.

La estrategia: cruzar tres fuentes de trabajo independientes

La empresa gestionaba el desarrollo del videojuego a través de tres herramientas de trabajo habituales en cualquier estudio: Jira para la gestión de tareas y sprints, Slack para la comunicación interna del equipo, y Confluence para la documentación del proyecto. Cada una de ellas, por separado, deja un rastro temporal de la actividad de cada usuario. La clave de la pericial no fue analizar una sola de esas plataformas, sino cruzar las tres entre sí para construir una cronología coherente y difícil de rebatir.

  • Jira: se extrajo el historial completo de las tareas asignadas al diseñador —fechas de creación, cambios de estado y de cierre de cada ticket relacionado con los bocetos y el diseño visual—, contrastándolo con los sprints y plazos oficiales del proyecto.
  • Slack: se revisaron los canales de trabajo del equipo en busca de los mensajes en los que el diseñador compartía avances, adjuntaba archivos de diseño o recibía feedback sobre ellos, todos con su marca de tiempo original.
  • Confluence: se analizó el historial de versiones de las páginas de documentación del proyecto donde se referenciaban o insertaban esos diseños, incluyendo quién había editado cada versión y en qué momento exacto.

Cómo se correlacionaron los datos

El valor pericial de este análisis no estaba en cada plataforma por separado, sino en su coincidencia. Se comprobó que las fechas y horas de los tickets de Jira asignados al diseñador coincidían con los mensajes de Slack en los que compartía esos mismos entregables, y que ambos, a su vez, encajaban con las actualizaciones registradas en Confluence sobre el estado del proyecto. Ese conjunto de marcas de tiempo se contrastó después con la jornada laboral pactada en su contrato, confirmando que la práctica totalidad de la actividad relevante —creación, revisión y entrega de los diseños— se concentraba dentro de su horario de trabajo, y no en momentos ajenos a su relación con la empresa.

El resultado

El informe pericial permitió demostrar, con una cronología respaldada por tres fuentes independientes y coincidentes entre sí, que los diseños se habían creado íntegramente en el marco de la relación laboral del diseñador con la empresa, durante su jornada de trabajo y como parte de las funciones para las que había sido contratado. Esa conclusión fue determinante para acreditar que los derechos de explotación de esos diseños correspondían a la empresa de videojuegos, tal y como establecía su contrato.

La lección del caso

Las herramientas de gestión de proyectos, comunicación interna y documentación que cualquier empresa usa en su día a día no son solo productividad: son, también, un registro objetivo de cuándo y por quién se hizo cada cosa. En una disputa sobre la autoría o los derechos de una obra creada por un empleado, cruzar varias de esas fuentes entre sí —en lugar de fiarse de una sola— es lo que convierte una sospecha razonable en una prueba pericial sólida.

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